Las interrupciones en el trabajo son equivalentes a las pérdidas de energía en un circuito eléctrico: disminuyen la eficiencia y requieren esfuerzo adicional para restablecer el estado óptimo. Aplicar estrategias para minimizar interrupciones no solo mejora la productividad individual, sino que también optimiza el desempeño de equipos y organizaciones.
En un mundo empresarial cada vez más dinámico y desafiante, los modelos tradicionales de gestión, como el taylorismo y el enfoque de «Command and Control», han demostrado ser insuficientes. Estos modelos, basados en la jerarquía, el control y la obediencia, limitan la innovación, la autonomía y la capacidad de adaptación…