Un día cualquiera, jugando al mus, hay quien gana la mano sin decir una palabra. En la oficina pasa lo mismo: no gana el que habla primero, sino el que sabe leer el partido antes de meter baza. Saber cuándo callar no es falta de criterio. Es criterio.
Automatizas algo un lunes, lo revisas con devoción la primera semana y, meses después, dejas de mirarlo del todo. Cuando algo falla, la frase de rigor es «ha fallado el sistema». Pero el problema casi nunca es la herramienta: es que nadie tenía asignada la responsabilidad de seguir acompañándola.
Hay una cena del jueves en tu agenda. No recuerdas por qué la aceptaste. Así empieza el problema.
Confundimos alfabetización tecnológica con saber usar Excel. Entender la IA, la nube y sus riesgos es tan básico como leer una factura — y la formación tiene que llegar a toda la sociedad, no solo a los tecnólogos.