El taller sin aprendices: ¿quién va a formar a los futuros seniors?

Taller con un banco de aprendiz vacío y polvoriento, un brazo robótico trabajando en su lugar, y un veterano observando de lejos.

Mi primer marrón de programador fue entender un sistema que nadie más quería tocar, para traducirlo a otra cosa. Hoy ese marrón se lo damos a la IA sin pensarlo dos veces — y con él, sin darnos cuenta, el taller donde se hacían los seniors.

Cuando asentir no significa estar de acuerdo

Un gestor observa dos monitores: uno con una videollamada dividida en dieciséis recuadros —varios compañeros con posturas distintas, cinco con la cámara apagada—, y otro con una presentación desenfocada de fondo.

El equipo llevaba cuarenta minutos de reunión y la decisión ya estaba tomada antes de que nadie la votara. Catorce cabezas asintiendo en la rejilla, dos cámaras apagadas, cero objeciones en voz alta. Tres semanas después, en la ejecución, aparecieron los problemas que dos personas de esa llamada ya veían venir el día que asintieron. El teletrabajo no nos quitó el desacuerdo — nos quitó las señales que lo delataban antes de que fuera tarde.

España no gana la carrera de los grandes modelos de la IA, pero puede ser su arrendador

Corte transversal de un centro de datos junto al mar: generación renovable en la base, servidores, una sala de control con visualizaciones de IA, una planta de coworking y una de usuarios arriba del todo. Una persona con sudadera naranja aparece primero sentada con un portátil en la planta de usuarios y después dentro de un tubo de cristal que baja directo a la planta de los modelos, sin pasar por la de programadores. Al fondo, otro centro de datos con placas solares, aerogeneradores y una ciudad en el horizonte, conectados por un cable submarino.

España no va a ganar la carrera de los grandes modelos de inteligencia artificial: esa carrera ya la tienen decidida otros. Pero hay un negocio menos glamuroso y bastante más nuestro —la electricidad, el suelo, el cable submarino y las reglas del juego que esos modelos necesitan para vivir en algún sitio— donde todavía podemos quedarnos con las llaves del edificio.

La puerta que dice «tire»: cuando comunicar no es lo mismo que informar

Hombre de negocios con traje gris empuja una puerta de cristal de oficina, con la mejilla aplastada contra el cristal junto a un cartel metálico que dice «TIRE», ignorando el tirador visible a su lado; dos compañeros observan la escena desde el pasillo sin intervenir. Imagen generada con inteligencia artificial.

Diste a «enviar» y te quedaste tan tranquilo. El problema es que un mensaje perfecto que nadie entiende es exactamente lo mismo que empujar una puerta que dice «tire»: mucho esfuerzo, cero resultado.