Alfabetización tecnológica: el idioma que todavía no hablamos

Cuatro personas de pie en un pasillo de oficina, mirando una gran pantalla. Una enfermera con uniforme médico azul, un contable con camisa y corbata, una profesora con un cartel que dice “¿Y esto qué es?” y un obrero con chaqueta. La pantalla que hay detrás tiene iconos y texto relacionados con la inteligencia artificial, el aprendizaje profundo cuántico y la integración de la IA. La expresión de la gente sugiere confusión o incomprensión.

Confundimos alfabetización tecnológica con saber usar Excel. Entender la IA, la nube y sus riesgos es tan básico como leer una factura — y la formación tiene que llegar a toda la sociedad, no solo a los tecnólogos.

El gran ganador inesperado de la revolución de la IA

Salón en obras con un váter en el centro, herramientas esparcidas por el suelo y una furgoneta blanca aparcada fuera. En primer plano, un portátil con dashboards de inteligencia artificial.

La IA ha llegado para cambiar el mundo del trabajo, pero ha tenido la delicadeza de empezar por las oficinas de los mismos ingenieros que la construyeron. Mientras tanto, el escayolista sigue siendo el escayolista. Ningún algoritmo te nivela un techo.

España, atrapada en su propia obesidad regulatoria

La «obesidad regulatoria» es ya un problema de gestión nacional. Un reciente reportaje de El Mundo revela un dato alarmante: España aprueba una nueva norma cada 45 minutos. Sin embargo, este exceso de legislación no se traduce en eficiencia. El incumplimiento de los plazos administrativos es generalizado, con licencias urbanísticas o ambientales que se retrasan hasta 15 meses adicionales. Este círculo vicioso desincentiva la inversión, encarece los proyectos y reduce la competitividad. Descubre los datos que lo demuestran y las 4 acciones de gestión clave (la «dieta regulatoria») que necesitamos para que la administración cumpla sus propias reglas.

La ilusión de entenderlo todo: hacia una sociedad «dummie»

Vivimos una época de simplificación extrema, donde buscamos el acceso rápido a información para poder opinar sin esfuerzo y con supuesta autoridad de cualquier tema. Pero la solución no es rechazar la tecnología, sino usarla con cabeza. Porque si seguimos creyendo que todo se puede aprender en formato “para dummies”, lo que estaremos construyendo es una sociedad “para dummies”. Y eso, en un mundo cada vez más complejo, no es solo ingenuo. Es peligrosamente irresponsable. 

Aprender a pensar y resolver problemas, claves en una sociedad más tecnológica

En una sociedad dominada por la tecnología aquellos que sepan reflexionar y plantear preguntas para resolver inconvenientes serán los que estén más capacitados para enfrentar los retos venideros de manera exitosa.
El verdadero poder no radica en memorizar información o dominar una herramienta particular, sino en la habilidad de aprender a pensar y resolver problemas de manera creativa e ingeniosa.

Humanistas vs Artificialistas: ¿una tendencia por venir?

La IAG generativa está siendo, y seguirá siendo, una tecnología que va a cambiar radicalmente nuestra sociedad. Como cualquier cambio radical, es probable que se generen distintas corrientes entre los partidarios del uso masivo de la IAG, frente a los que apuesten por la inteligencia humana. Ningún extremo es bueno, y será necesario encontrar un equilibrio entre ambos modelos para seguir avanzando como sociedad. La inteligencia artificial es un gran avance, que debemos aprovechar y potenciar, pero no a cualquier precio.

En una sociedad orientada al consumo como servicio, ¿somos más o menos libres?

En la sociedad actual, estamos expuestos a una gran cantidad de estímulos, información y opciones que nos hacen sentir que tenemos el control de nuestras vidas. Sin embargo, esta sensación de libertad puede ser engañosa, ya que detrás de ella se esconden mecanismos que nos condicionan y limitan nuestra capacidad de decisión: informacion sesgada, fakenews, publicidad engañosa,… Si no tenemos cuidado y somos críticos, la cultura de lo inmediato en una sociedad orientada cada vez al consumo y menos a la propiedad (sociedad como servicio) puede poner en riesgo nuestra capacidad de eleccion.