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Este agosto apago el calendario y enciendo el Cardputer

Hombre desconectando del trabajo con LEGO, Cardputer y radio Meshtastic en casa, mientras una oficina gris queda atrás

Llevo toda la semana con la mesa del despacho convertida en un desastre glorioso: una caja de LEGO® lista para abrir y montar, un Cardputer esperando a ser configurado y un LORA EXPANSION KIT listo para ser montado (en casa ya ni preguntan, llevan años aguantando mi vena friki con resignación).

Y aquí va la tesis, directa, como suele ser, por muy gallego que sea (sí, los gallegos podemos ser directos cuando queremos): desconectar no es dejar de hacer cosas. Es cambiar el tipo de complejidad que gestionas. Si tu plan de agosto es «no hacer nada», probablemente sigas gestionando lo mismo de siempre, solo que tumbado y la cabeza pensando en los mismos temas que el resto del año.

La complejidad que no elegimos

En el trabajo gestionamos una complejidad que no es nuestra del todo: la marca el entorno, el negocio, un stakeholder que cambió de opinión el jueves después de validarlo hace dos viernes. Tomamos veinte decisiones al día y la mitad dependen de gente que no está en la sala. El feedback, cuando llega, llega tarde, incompleto y casi siempre con sesgo de por medio (llámalo política, usos y costumbres,…). Podemos hacer muy bien nuestro trabajo y aun así no ver el resultado hasta dentro de dos trimestres, si lo vemos.

Eso agota de una forma muy concreta que casi nunca se nombra: no es cansancio físico, es desgaste de estar permanentemente esperando el resultado de nuestras decisiones, es cansancio mental.

La complejidad que sí es nuestra

Una configuración a un dispositivo meshtastic no necesita una reunión de validación. O el dispositivo se conecta o no se conecta, y lo sabemos en el segundo exacto en que aprietas el interruptor. Nadie nos va a decir en la retro que «hay que revisarlo con más contexto». El LEGO® no tiene stakeholders: la pieza encaja o no encaja, y si no encaja es porque la pusiste mal nosotros, no porque «el mercado no estaba maduro».

Nota para no técnicos: un Cardputer es un cacharrito del tamaño de una calculadora de bolsillo que te montas tú mismo con piezas sueltas, básicamente un ordenador de juguete que programas para lo que te dé la gana. Y Meshtastic es una forma de montar pequeños aparatos de radio que se hablan entre sí directamente, sin pasar por el móvil ni por internet — «útil» si un día quieres comunicarte desde un monte sin cobertura, y sobre todo, un vicio estupendo para quien lleva mucho tiempo gestionando cosas intangibles y necesita, de vez en cuando, tocar algo que se pueda romper con las manos.

Esa es la desconexión real. No es ausencia de esfuerzo, es esfuerzo con un ciclo de retorno honesto: aprietas, funciona o no funciona, aprendes, vuelves a intentarlo. Sin política, sin reuniones, sin nadie que te pida alinear expectativas antes de encender el punto de acceso meshtastic.

Por qué el blog también se calla

Y aquí el motivo real de este artículo, más allá de la reflexión de turno: este es el último artículo que voy a publicar hasta el 31 de agosto. No es pereza editorial ni que se me haya acabado el tema — de hecho tengo la bóveda de obsidian llena de ideas que intento organizar y estructurar (eso es otro gran reto), y además ya escribí sobre esta manía hace un par de veranos. Es que predicar la desconexión mientras mantienes la disciplina semanal de programar una publicación cada lunes a las 10:15 sería, como mínimo, una falta de coherencia que no quiero cometer.

Así que este agosto no hay artículo nuevo. Hay LEGO®, hay un Cardputer con las tripas fuera y, si todo va bien, un nodo Meshtastic funcionando desde algún punto de Galicia sin que el AI Act, el mercado ni ninguna reunión de última hora tengan nada que decir al respecto (también caerá algún libro y sí, seguiré leyendo noticias tecnológicas, que una manía bien alimentada no distingue entre trabajo y vacaciones — tampoco se puede bajar uno del mundo, solo cambiar de barrio).

Nos vemos el 31.

O mudar de labor é descansar. No hace falta que agosto sea un vacío. Basta con que sea otra cosa.

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