Después de 3 semanas de desconexión, toca volver, aunque esa vuelta también toca gestionarla. En mi caso, mis vacaciones acaban a mitad de semana, normalmente miércoles, y no es pereza ni un capricho de calendario: es estrategia. No reparto mis días para volver en lunes; prefiero que la vuelta caiga a mitad de semana. Mi cuerpo no está hecho para el cañonazo de «vuelvo y arranco a full desde las nueve de la mañana del primer día». Soy de entrar al agua fría poco a poco, no de tirarme de cabeza, y más con un perfil de búho como el mío (vamos, soy más como un motor diésel que hay que calentar).
Y esa es la tesis completa: la vuelta no tiene por qué ser un salto. Puede ser una entrada por partes, y el orden en que haces las cosas importa tanto como la velocidad a la que las haces.
Por qué arrancar a mitad de semana
El lunes de vuelta tiene una trampa: llegas con la sensación de que hay que compensar el tiempo fuera, y esa sensación muchas veces te empuja a intentar arrancarlo todo de golpe. Bandeja, calendario, equipo, proyectos parados, todo el mismo día, a la misma hora, con la misma energía que tenías en marzo. El resultado casi siempre es el mismo: el lunes vas fuerte, el martes ya vas raro y el miércoles estás más cansado que el día que te fuiste de vacaciones.
Empezar a mitad de semana no es reducir el esfuerzo. Es reducir la superficie de contacto del primer golpe. Tienes dos o tres días de margen antes del fin de semana, en vez de cinco días completos de exposición total desde el primer minuto. La cabeza lo agradece más de lo que parece, al menos en mi caso (que para este tipo de cosas, cada uno es muy suyo).
El orden importa: calendario, correo, equipo
Cuando vuelvo, no abro el correo primero. Abro el calendario.
El calendario me da la forma del daño sin el peso emocional de quinientos correos sin leer, si tengo suerte. Veo los huecos, veo lo que ya está convocado sin que lo haya decidido yo, veo qué días están perdidos antes de que empiece a trabajar en ellos. Es información fría, sin ruido, y me deja decidir con la cabeza despejada antes de que la bandeja de entrada empiece a dictarme el día.
El correo va después, y no para responderlo todo: para hacer un triaje. No es la fase de contestar, es la fase de decidir qué es urgente de verdad y qué solo lo parecía en agosto porque nadie estaba ahí para decirle que no lo era.
Y lo último, no lo primero, es convocar el punto de situación con el equipo. Aquí es donde más tienta hacerlo al revés: convocar la reunión el primer minuto, sin haber mirado nada antes, y llegar con más preguntas que criterio. Yo prefiero llegar a esa reunión ya con una foto propia de la situación, gracias al calendario y al correo, para que la conversación sea diagnóstica y directa de verdad: qué se ha roto en agosto, no qué se sospecha que se ha roto.
Nota para no técnicos: un «punto de situación» es simplemente una reunión corta con el equipo para poner en común qué ha pasado mientras cada uno estaba en su sitio (de vacaciones, cubriendo guardias, o simplemente ausente), sin buscar culpables, solo para tener una foto compartida antes de decidir qué hacer. Remarco lo de la versión corta, porque hay veces que las reuniones diarias de seguimiento de un equipo (lo que en gestión ágil se llama «daily») se convierten en sesiones de horas, pero ese es otro debate/artículo.
La complejidad no esperó a que volvieras
Como conté en la pieza que escribí justo antes del parón, Este agosto apago el calendario y enciendo el Cardputer, en agosto cambiamos el tipo de complejidad que gestionábamos: la nuestra, la que tiene ciclo de retorno honesto, sin reuniones de seguimiento ni de validación. Ahora toca recuperar la otra, la ajena, la que no se para porque no estemos. Y esa complejidad no esperó agosto entero sin moverse. Siguió, con o sin nosotros, y probablemente algo se rompió por el camino sin que nadie lo dijera en voz alta hasta que alguien vuelve y pregunta.
La vuelta buena no es la que finge que no ha pasado nada. Es la que se toma el tiempo de averiguar, en orden, qué ha pasado de verdad antes de actuar como si ya lo supieras.
Pasiño a pasiño faise o camiño.
