La popular comedia teatral española protagonizada por Andrés Pajares y Fernando Esteso, así como la inolvidable película estadounidense con Richard Pryor y Gene Wilder («See No Evil, Hear No Evil» de 1989 traducida en España con la famosa frase), nos dejó esta frase memorable: «No me chilles que no te veo», una expresión que, desde el humor, refleja una realidad frecuente en muchas organizaciones: la falta de comunicación y entendimiento.
Como ocurre en la ficción, en las empresas también nos encontramos muchas veces con personas que hablan sin escuchar y equipos que se esfuerzan sin coordinarse: equipos que no comparten información, departamentos que trabajan en silos, decisiones que se toman sin tener en cuenta a todos los implicados, mensajes mal transmitidos o malinterpretados…. Este sencillo mensaje ilustra con claridad el impacto negativo que la incomunicación puede generar en nuestro trabajo diario, y que da como resultado una organización descoordinada, ineficiente y frustrada.
Esta metáfora oculta una serie de males que están asociados a la incomunicación organizativa:
- Falta de alineación estratégica: Cuando no hay una comunicación clara desde la dirección (desde los distintos niveles de dirección, no sólo la alta dirección) hacia el resto de la organización, los objetivos pueden desdibujarse o malinterpretarse. Las personas trabajan sin saber exactamente hacia dónde deben ir, o con visiones contradictorias.
- Desconfianza y conflicto: La falta de información o la ambigüedad genera incertidumbre. Y en ausencia de certezas, proliferan los rumores, los juicios precipitados y los malentendidos: yo a esto le llamo la gestión del díxome díxome1. Esto erosiona la confianza y aumenta la fricción entre compañeros, departamentos o incluso con los clientes.
- Duplicidad de esfuerzos y errores: Cuando no se comparten avances ni se comunican los obstáculos, se corre el riesgo de duplicar tareas, solapar iniciativas o cometer errores que ya se habían identificado en otro lugar. La organización pierde tiempo y recursos valiosos.
- Desmotivación: Las personas quieren ser escuchadas, entendidas y sentirse parte de un propósito común. La falta de comunicación efectiva puede llevar a que se sientan invisibles o infravaloradas, lo que repercute directamente en su implicación y rendimiento.
Entonces, ¿Qué podemos hacer para romper esa dinámica? No hay una receta única, pero a continuación muestro algunos de los aspectos que se pueden tener en cuenta y abordar:
- Fomentar una cultura de comunicación abierta: No se trata solo de tener canales formales, sino de crear un entorno donde las personas se sientan cómodas compartiendo ideas, dudas y preocupaciones. La comunicación debe ser bidireccional y continua.
- Formar en habilidades de comunicación: Escuchar activamente, dar feedback constructivo, expresarse con claridad… son habilidades que se pueden aprender y mejorar. Invertir en ello tiene un impacto directo en la salud organizativa.
- Saber escuchar. Escuchar2 parece fácil, pero no lo es. Tenemos que estar abiertos, y reaccionar adecuadamente, tanto a las buenas noticias (esta es fácil), como a las malas noticias. El mundo no es sencillo, y la realidad muchas veces es incómoda (de contar y escuchar).
- Evitar los silos: Promover la colaboración interdepartamental mediante reuniones transversales, proyectos conjuntos o plataformas compartidas ayuda a crear una visión común y a identificar sinergias.
- Compartir objetivos entre departamentos: Alinear metas entre diferentes áreas permite que todos trabajen en la misma dirección. Cuando los equipos conocen no solo sus propios objetivos, sino también los de los demás, se genera una mayor comprensión, coordinación y sentido de propósito.
- Mover recursos entre departamentos según las prioridades: La flexibilidad organizativa es clave. Redistribuir personas o capacidades entre equipos en función de los picos de trabajo o los objetivos estratégicos no solo optimiza recursos, sino que también fomenta la cooperación y la visión global del negocio.
- Utilizar herramientas adecuadas: La tecnología puede ser una gran aliada si se utiliza bien. Herramientas de mensajería, gestión de proyectos o documentación compartida deben adaptarse a las necesidades del equipo y no generar más ruido del necesario.
- Liderar con el ejemplo: Los líderes deben ser los primeros en comunicar con transparencia, escuchar de forma activa y promover espacios de diálogo. Una cultura comunicativa se construye desde arriba… pero se consolida desde todos los niveles.

En resumen, “No me chilles que no te veo” nos recuerda que, en las organizaciones, no basta con hablar: hay que escuchar, comprender y conectar. Superar los problemas de comunicación no es solo una cuestión de eficiencia; es una necesidad para construir equipos más humanos, resilientes y alineados con su propósito.
- Palabra gallega, díxome, que se traduce en castellano por «me dijo» ↩︎
- «oír» y «escuchar» no son exactamente lo mismo. «Oír» significa percibir sonidos con los oídos, mientras que «escuchar» implica prestar atención y comprender lo que se oye. «Escuchar» es una acción más activa e implica una decisión de atención, mientras que «oír» es una acción más pasiva y refleja la mera recepción de sonidos. ↩︎