España no gana la carrera de los grandes modelos de la IA, pero puede ser su arrendador

Corte transversal de un centro de datos junto al mar: generación renovable en la base, servidores, una sala de control con visualizaciones de IA, una planta de coworking y una de usuarios arriba del todo. Una persona con sudadera naranja aparece primero sentada con un portátil en la planta de usuarios y después dentro de un tubo de cristal que baja directo a la planta de los modelos, sin pasar por la de programadores. Al fondo, otro centro de datos con placas solares, aerogeneradores y una ciudad en el horizonte, conectados por un cable submarino.

España no va a ganar la carrera de los grandes modelos de inteligencia artificial: esa carrera ya la tienen decidida otros. Pero hay un negocio menos glamuroso y bastante más nuestro —la electricidad, el suelo, el cable submarino y las reglas del juego que esos modelos necesitan para vivir en algún sitio— donde todavía podemos quedarnos con las llaves del edificio.