El líder sol quema. El tóxico divide. El anestesiado congela. Y lo peor es que no hay incendio, no hay gritos. Solo una muerte lenta por falta de pulso.
Hay jefes que no gritan ni humillan. Solo gestionan incendios que ellos mismos provocan. El líder tóxico no firma el daño. Por eso es el más difícil de detectar.
El líder sol no grita ni amenaza. Solo entra tarde a una reunión, dicta sentencia y apaga el debate. Yo lo he sido más veces de las que admitiría.
El 70% del compromiso de un equipo depende del jefe. Y la mayoría están convencidos de que lo hacen bien. Tres arquetipos de cómo se manda mal.
Según InfoJobs, el 57% de los trabajadores españoles no aspira a ascender. No es desmotivación ni vagancia: es que el modelo de incentivos está roto. Promocionar significa, en demasiados casos, dejar de hacer lo que se te da bien para convertirte en el pararrayos de la empresa: recibes las descargas…