Tres formas de llevarme la contraria a mí mismo

Primer plano de la mano de un hombre de mediana edad con un anillo y una pulsera deportiva genéricos, y un segundo anillo sobre la mesa junto a una taza de café; sobre cada dispositivo flota una pequeña proyección holográfica con un formato de datos distinto —un número, un medidor y una etiqueta—, sin texto legible. El hombre mira la escena con gesto de fastidio cómico.

Un viernes cualquiera me puse un anillo Oura, un anillo RingConn y una pulsera Whoop a la vez. Los tres midieron el mismo sueño, los mismos pasos y el mismo estrés, y ninguno coincidió con los otros dos. No es un fallo de los aparatos: es lo que pasa cada vez que alguien mide un hecho con su propio rasero y nadie se pregunta si todos siguen hablando el mismo idioma.