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Uso de IA

Llevo años escribiendo sobre transformación digital y tecnología, así que sería raro que no utilizase IA en este blog. La uso. Y prefiero contarlo antes de que alguien se lo pregunte.

Las ideas son mías. Lo que leéis aquí es lo que pienso, guste o no. El criterio, el ángulo, las opiniones incómodas y los sesgos que me acompañan desde hace treinta años no vienen de ningún modelo de lenguaje. Vienen de haber vivido lo que cuento.

La IA me ayuda a escribir mejor, no a pensar por mí. Utilizo varias herramientas, cada una para lo que mejor sabe hacer. Claude (de Anthropic) como editor crítico principal: me discute los argumentos, me señala cuándo me repito, me dice si una frase está floja o si un párrafo es defensivo. Gemini (de Google) y ChatGPT (de OpenAI) para contrastar enfoques, buscar ángulos distintos cuando un texto no termina de cerrarme o verificar que una idea se sostiene desde más de una perspectiva. Perplexity para buscar referencias, fuentes y datos que quiero citar con precisión. Hacen el trabajo que haría un buen editor humano, con la ventaja de que están disponibles a las once de la noche de un domingo. La decisión final sobre qué publicar es siempre mía, y los errores que queden también.

Las imágenes están generadas con IA. Actualmente con Gemini. Llevan la marca de generación a la vista — no porque me obligue nadie, sino porque no tiene sentido esconderlo. No utilizo bancos de stock ni fotografías reales; las portadas son siempre ilustraciones sintéticas alineadas con el artículo, y así seguirán siendo mientras la alternativa sean esas fotos de ejecutivos sonrientes estrechándose la mano que ya nadie cree.

Lo que la IA no hace

No elige de qué escribo. No decide qué pienso sobre liderazgo, gestión o tecnología. No me dice qué experiencias de treinta años de oficio merecen un artículo y cuáles no. Para eso, de momento, sigo siendo yo el que escribe.

Si os interesa el tema — cómo usar IA con criterio en entornos profesionales, dónde poner los límites, qué sí y qué no — escribidme. Es una conversación que merece la pena tener en abierto, no en susurros.